Comentarios y Opinion

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Última Columna: La Línea Roja

“Línea roja”
“Cruzar la línea roja”.  Esta expresión ha tomado una especial relevancia en los últimos días por el debate que hay sobre cuál debería ser la reacción de la comunidad internacional ante el uso de armas químicas por parte del gobierno Sirio y que resultó en la muerte de 1400 personas.  El Presidente Barack Obama  dijo en Agosto del 2012 "hemos sido muy firmes con el Régimen  de Assad, y también con otros participantes en el conflicto, que para nosotros la 'Línea Roja' es que se comience a ver gente moviendo las bombas químicas o que las utilicen". Reacciones ante la amenaza de una incursión militar de Estados Unidos incluyó el comentario del General Masud Jazayeri, de la Guardia Republicana iraní quién afirmó que “cruzar la línea roja en Siria tendrá consecuencias de gravedad para la Casa Blanca”.  En unos días sabrá el mundo cual será el costo, cuando los inspectores de la ONU revelen su dictamen sobre lo que pasó el 21 de agosto.
Aterricemos esta expresión a la problemática de protestas en México.  ¿Para el Presidente Enrique Peña Nieto y los gobernadores hay una “línea roja” definida, que empujaría a las autoridades hacer uso legítimo de la fuerza ante las protestas de diferentes manifestaciones de descontento social?
Obviamente la afectación diaria de los intereses de terceros no es una consideración para los gobiernos, ya que se ha consentido las protestas que afectan la vida cotidiana de las personas, y parecería que no hay límite.  Tampoco parecería importar  a las autoridades el impacto económico en las tiendas, hoteles y restaurantes afectados por las protestas. En el caso del bloqueo de la carretera federal a la altura de Vicam, en el Estado de Sonora, que lleva más de tres meses, con un impacto económico a las exportaciones del país, que van ya en millones y millones de pesos,  tampoco cruza la famosa “línea roja” del gobierno federal y estatal. Mucho menos importa el impacto que tiene en la credibilidad de la capacidad de las policías estas imágenes donde se observa como los manifestantes agarran a golpes, patadas, a un pobre agente, tirado en el piso.  O el impacto visual de ver a cientos de campesinos, totalmente desnudos, marchando por una de las avenidas más importantes del país, tampoco cruzan la famosa “línea roja”.
Por eso estamos observando como en el resto del país ha ido incrementando en una forma importante las protestas violentas.  En esta semana observamos como maestros afiliados a la CNTE no sólo han bloqueado calles y avenidas en el Distrito Federal, también han manifestado su inconformidad con la reciente aprobación de los dictámenes de la Ley del Servicio Profesional Docente en por lo menos 20 estados más entre los cuales figuran: Chiapas, Aguascalientes, Tamaulipas, Tlaxcala, Puebla, Durango, Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo.
En Tijuana Baja California, alrededor de mil 200 profesores provenientes de La Paz y Los Cabos fueron a paro y bloquearon el aeropuerto. Y si no se establece una “línea roja” estas protestas podrían incrementar.
Parecería que el Presidente y los gobernadores no quieren o no pueden establecer una “línea roja” que no deben de cruzar estas manifestaciones sociales.  ¿Será miedo? ¿Será la preocupación del “qué dirá” la comunidad internacional y las organizaciones que defienden derechos humanos? ¿Sentirán las autoridades que no tienen la credibilidad de la población y serán sometidos a severas críticas si controlan estas expresiones sociales? ¿O será que no tienen una estrategia clara que les permita marcar la famosa “línea roja”?
Ante los hechos de violencia y el impacto que están teniendo las manifestaciones en la Cd. De México y la posibilidad de que estos incrementen su arremetidas por los debates que vienen (energético y fiscal) en los siguientes meses, es importante que empiecen a definir rápidamente cuanto más van a permitir y en qué momento se tomarán pasos contundentes para detenerlos.
A estas alturas, deberían de haber tomado algunas previsiones.  Por ejemplo, ya es hora que los que deciden protestar de una forma que conlleva grandes afectaciones a terceros, sufran algunas consecuencias.  En el caso de los maestros que no regresaron a clases, el gobierno federal debería de haber hecho una declaratoria de que no se les pagaría salarios, aunque regresaran a clases. Poner fecha límite de cuándo sería despedido por no haber iniciado labores también es un buen mensaje.  Cobrarles a las organizaciones las afectaciones a la ciudad y a las pequeñas empresas podría un incentivo.  También es hora de balconear quienes son los verdaderos autores intelectuales detrás de estos movimientos.  ¿Quién está financiando las protestas? ¿Cuáles son los verdaderos intereses políticos?  Muchas de estas manifestaciones tienen una verdadera razón social con los intereses de los que se manifiestan.  Pero también sabemos que muchas protestas son financiadas por terceros.  Es hora de la transparencia. Es hora de poner una clara “línea roja”.

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Última columna: Presidenciables o Pararrayos

¿Cómo reaccionará este gabinete ante una grave crisis política, económica o de seguridad? ¿Están listos los consentidos del Presidente, Osorio Chong y Videgaray?

 ¿Cogobernar será la estrategia de Enrique Peña Nieto? Con ocho meses como Presidente de México, parecería tener sólo dos secretarios en su gabinete: el de Gobernación (Miguel Ángel Osorio Chong) y el de Hacienda (Luis Videgaray Caso).

A diferencia de sus predecesores, Pena Nieto asumió un esquema diferente ante su gabinete. Cómo olvidar el “gabinete Montessori” de Vicente Fox que se consideraba un gabinete sólido en términos de experiencia, pero donde cada secretario tenía sus propia agenda. En el caso de Felipe Calderón no sólo hubo absoluta desorganización y falta de coordinación dentro del gabinete, sino que también se caracterizó de incluir, con algunas excepciones, a gente joven, con poca experiencia política o profesional en el ramo.

En el caso de Enrique Peña Nieto, su selección de gabinete se caracteriza por darle a dos individuos mayor notoriedad. En los medios los vemos a diario. Así, quien habla sobre los temas importantes del país como seguridad o educación es Osorio Chong. ¿Dónde están el Procurador (Jesús Murillo) y el Secretario de Educación (Emilio Chuayffet)? Además de la reforma hacendaria y de la promoción de empleo, Luis Videgaray ha sido el portavoz de los temas energéticos. ¿Dónde están los secretarios de Economía (Ildefonso Guajardo) y el de Energía (Pedro Joaquín Coldwell)?

La decisión del Presidente de tener a dos secretarios como las cabezas visibles de sus políticas públicas podría interpretarse de diferentes formas. ¿Son estos dos políticos posibles presidenciables en 2018? ¿O lo que busca el Presidente es tener escudos políticos desechables?

En el pasado jurásico, cuando el PRI se comportaba de una forma más autoritaria, el Secretario de Gobernación era la mano derecha y la voz del Presidente, además de ser un presidenciable. El actual esquema es innovador, ya que son dos los secretarios que hablan a nombre del Presidente, y de la prioridad que éste le da a los temas económicos.

Hace algunos años, durante una conversación que tuve con el ex Presidente de Colombia y ex Secretario General de la OEA, Cesar Gaviria, le comentaba que Vicente Fox había anunciado que su gabinete sería sexenal y que no tenía intención de remplazarlos. Extrañado, Gaviria me dijo que los Presidentes en una democracia tienen relativamente poco poder, pero entre las cosas que sí pueden controlar es a su equipo de asesores y ministros. Gaviria señalaba que el Presidente debe considerar a sus Ministros como “fusibles”, que pueden prenderse o apagarse según las necesidades políticas del gobernante.

Pero darle tanta vitrina a estos dos secretarios también podría dificultar que los remueva, si estos no dan la talla o si las políticas públicas en temas de seguridad y economía fracasan. Alguien tiene que asumir la responsabilidad política, y tendrían que ser los secretarios consentidos.

Sin duda, una de las herramientas más poderosas para un Presidente es la de remover a su gabinete a su voluntad. Por una parte, ello permite enviar un mensaje contundente de cambio de rumbo y de corrección de errores, apaciguando a los críticos, teniendo un control de daños y desviando las críticas al mandatario. Por la otra, nombrar y quitar secretarios permite abrirle espacios a grupos políticos que a cambio proporcionarían su apoyo para proyectos prioritarios.

Pronto, Peña Nieto tendrá que evaluar si se rodeó del mejor talento y experiencia. El control real que ejerce un Presidente sobre su gabinete es que en cualquier momento lo puede remover. Pero, si el Presidente no controla a su gabinete, no controla nada. También hay que considerar cómo reaccionará este gabinete ante una grave crisis política económica o de seguridad. ¿Están listos los consentidos del Presidente? ¿Tienen la capacidad y la credibilidad para dar la cara?

La revista U.S. News & World Report citó al Presidente Barack Obama para su edición especial sobre liderazgo (noviembre, 2009), quien señaló: “Los pasos que para mí han sido útiles en el día a día, se vuelven mucho más importantes en una crisis: ser capaz de establecer un equipo funcional; insistir en el rigor analítico de los problemas; asegurarnos que las voces que disientan sean escuchadas y que las opciones se exploren adecuadamente; estar dispuesto a tomar decisiones después de analizar todas las opciones; así como tener una retroalimentación oportuna de tal manera que si se tiene que corregir el rumbo esté en capacidad de hacerlo”.

¿Hay voces disidentes que escucha el Presidente Peña? ¿Será como uno de los caballeros de la mesa redonda, que enfrentó dragones portando sólo dos caballeros con su espada? ¿O lo recordaremos como el capitán del Titanic, que gritó ¡iceberg! y fue incapaz de evitar el choque, porque el capitán no pudo mover el timón?