Thank You Ted: Columna Semanal


La muerte de Edward Kennedy me recordó el legado que tuvo esta familia en México y el impacto que tuvo en mi familia. Mi tío Jorge tenía una foto del presidente John F. Kennedy colgada en el comedor de su casa en Hermosillo. Se veía que llevaba ya años colgando ahí, pues la sombra del marco estaba eternamente impregnada en la pared. Al igual que muchos mexicanos y latinoamericanos en su momento, mi tío expresaba su admiración y agradecimiento hacia el presidente estadounidense con una fotografía suya colgada en un lugar prominente en su hogar. De hecho, el tío Jorge redactó un poema dedicado al presidente, expresando su admiración y agradecimiento.

¿Fue gracias a los medios que el mito y la leyenda de Kennedy se exportaron a otros países, dándole una extraordinaria popularidad fuera de su país? En parte sí. El glamour de un apuesto y joven presidente y de su esposa, la extraordinaria y elegante Jacqueline, Jackie Kennedy, secuestró la imaginación no sólo de los estadounidenses, sino también de los mexicanos.

Pero la admiración de Kennedy en Latinoamérica va más allá del glamour de las cámaras. Más que por la imagen y el mito, fue la visión de John F. Kennedy la que se tradujo en proyectos que impactarían de forma directa la vida de muchos mexicanos.

Un ejemplo fue la Alianza para el Progreso, anunciada en 1961, un programa de desarrollo económico y social para los países latinoamericanos. Y aunque los historiadores tienen diferentes análisis sobre la efectividad y objetivo del mismo, la realidad es que algunos apartados de este programa tocaron y cambiaron la vida de millones personas. En el caso de mi tío y de otros familiares en Sonora, este programa les permitió tener acceso a préstamos, con intereses accesibles y aunque de cantidades relativamente pequeñas, pero lo necesario para sacar adelante sus ranchos, campos o negocios.

Y recordemos que la creación y promoción de este programa se dio en un marco similar al que vive hoy Estados Unidos, en el que la seguridad nacional era la prioridad del Estado ante la amenaza comunista y la inminente guerra en Vietnam. Pero esto no dejó que Kennedy y sus asesores vieran la realidad más allá de sus fronteras y entendieran que el ayudar a los vecinos es ayudarse a sí mismo. Para continuar hacer click aquí.

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