Atrapando pokecorruptos


Bajé la aplicación Pokémon GO para mi hija y resulta que ahora soy la siguiente víctima de esta locura. Si me ven deambulando por las calles de la Ciudad de México, con tableta en mano mirando como una demente a una estatua en el parque… ¡apártense, ese “Charizard” es mío! Me explico. Leer en El Financiero

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